.Microactuación 0

Mano a mano con los propietarios se comenzó el derribo, unidad tras unidad, de todo aquello que oscurecía la comprensión de la casa, de sus tecnologías y de su funcionamiento. La intención no era destruir sino establecer un nuevo marco de actuación. Así fueron desapareciendo falsos techos que escondían trabajo realizado sin rigor, falsas vigas que escondían errores de ejecución, envolventes cerámicas de la estructura decididas bajo una estrategia defensiva de contratistas y arquitectos, etc. Se reorganizó la posición de las instalaciones –en su paso por particiones– hacia un anillo perimetral en fachada o linderos (fijos) que por último dispusiera un sistema de llaves y enchufes a las que pudieran acoplarse posibles particiones siempre concebidas como elementos de mobiliario completos y llenos de instalaciones. Esta nueva condición permitía su movimiento dentro de la casa sin producir daños o repercusiones al resto. Los propios tabiques terminaron por desaparecer ya que su encuentro con el forjado realizado antes que la capa de relleno de mortero (como marca el estándar) aseguraba dos centímetros de error a nivel del suelo en ambas caras, y por tanto no ofrecía ni permitía una pavimentación continua.
Todo el conocimiento y las sorpresas que surgieron del derribo fueron suficientes para tomar todas las decisiones; se redujo la producción de diseño al mínimo; se aprovecharon las brechas del derribo para canalizar circuitos, se unieron radiadores en grandes series y se llevaron de los antiguos tabiques a fachada, y se dejó todo aquello que fuera posible a la vista.
El resultado es una infraestructura para una habitabilidad lógica y progresiva que pueda adaptarse a los posibles estadios vitales de la familia y que permite imaginar soluciones (aún desconocidas) que serán descubiertas únicamente cuando nazca su estricta necesidad.
Todo el conocimiento y las sorpresas que surgieron del derribo fueron suficientes para tomar todas las decisiones; se redujo la producción de diseño al mínimo; se aprovecharon las brechas del derribo para canalizar circuitos, se unieron radiadores en grandes series y se llevaron de los antiguos tabiques a fachada, y se dejó todo aquello que fuera posible a la vista.
El resultado es una infraestructura para una habitabilidad lógica y progresiva que pueda adaptarse a los posibles estadios vitales de la familia y que permite imaginar soluciones (aún desconocidas) que serán descubiertas únicamente cuando nazca su estricta necesidad.




